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Jenófanes y Feuerbach: La noción filosófica de la proyección
Héctor Ponce
Resumen
Se analiza el concepto de proyección aducido primero en la Antigüedad por Jenófanes y segundo en la Modernidad por Feuerbach en relación con el fenómeno religioso.
Jenófanes
Jenófanes analizó que distintos pueblos atribuían a los dioses sus propias características particulares y, por reductio ad absurdum, los animales harían también lo mismo. De este modo, no habría razones para creer que los dioses sean atropomórficos
Los etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros y los tracios que tienen los ojos azules y el pelo rubio.
Si los bueyes, los caballos o los leones tuvieran manos y fueran capaces de pintar con ellas y de hacer figuras como los hombres, los caballos dibujarían las imágenes de los dioses semejantes a las de los caballos y los bueyes semejantes a las de los bueyes.
Sin embargo, Jenófanes postuló la existencia de un dios omnisciente e incorpóreo, y cayó en otra proyección pero esta vez sofisticada. El pensamiento mítico, por medio de las teogonías y cosmogonías, ofrecía explicaciones embarazadas de dramatismos acerca de agentes sobrenaturales. Posteriormente, en Grecia declina el mito y comienza un conocimiento crítico. Así Jenófanes inauguraba un nuevo modo de reflexión acerca de la naturaleza. Jenófanes postuló un dios omnisciente, y coincidía con los intereses de tener una explicación panóptica. Caracterizar a dios como “ubicuo” y “trascendente” era la proyección de desear tener el punto de vista del sub specie aeternitatis del conocimiento. Dios adquiere la forma de un ser racional en tanto que el hombre mismo es quien comienza a verse de esa misma manera.
Feuerbach
En una palabra, mi libro extraordinario ha lanzado un golpe violento contra el rostro de los filósofos profesionales ordinarios.
Antecede a Feuerbach la polémica entre Schleiermacher y Hegel. Scheleiermacher insistía en que la religión se caracterizaba por el sentimiento de la absoluta dependencia. Hegel objetó que con tal sentimiento se equiparaba el hombre al animal, de lo que habría que deducir que “el perro sería el mejor cristiano.”
Feuerbach, en relación con tal polémica, situó el fenómeno de la religión también en la esfera de los sentimientos pero dio el paso que Scheiermacher no se había animado a dar: dios no era más que el sentimiento del amor que hay en la interacción de los hombres.
En su Crítica de la filosofía de Hegel, previa a La esencia del cristianismo, Feuerbach anunciaba que su investigación –a diferencia de la de Hegel- se interesa por el origen de su objetos de estudio para realizar un “análisis empírico o histórico-filosófico”. De este modo, Fauerbach, dejaba la metafísica y se acercaba más a la psicología y sociología porque la teología no era tratada como ontología (como hace la filosofía especulativa de la religión), sino como “patología psíquica.”
A consecuencia de su indecisión, de su estupidez y de su superficialidad, nuestra época [la Moderna] y nuestra teología, continúan obsesionadas por la esencia sobrehumana y sobrenatural del cristianismo antiguo.
La finalidad que busca Feuerbach en su escrito es tratar lo patológico de la religión, para buscar un fin terapéutico. La visión de Marx sobre la religión fue tomada de las ideas básicas de Feuerbach, quien en el prólogo de su obra indica la molestia que produjo su antropologización de la teología en los políticos: “que consideraban la religión como el más político de los medios para el avasallamiento y opresión del hombre.”
En La esencia del cristianismo, la tesis de Feuerbach es que las personas proyectan en Dios sus propios ideales y, por esto, viven dividen el mundo real y el mundo de sus fantasías. Se empobrece a la realidad y se enriquece a la divinidad. El concepto de Dios surgiría del sentimiento de carencia. Feuerbach mostró también la opinión de dos historiadores. Daumer: “La comunión es un rito proveniente del antiguo culto del sacrificio humano, que en lugar de vino y de pan se consumía otrora realmente carne y sangre humana.” Lutzelberger: “los relatos de los milagros de Cristo se reducen a puras contradicciones y estupideces, […] fabulaciones tardías”.
Feuerbach se ocupa del Cristo religioso y sobrenatural de los evangelios para demostrar que es sólo producto de las proyecciones humanas. Así, por ejemplo, cuando el hombre se hace conciente de su finitud entonces crea un ente al cual pueda atribuir la característica deseada por él: la infinitud. Al contrario de Hegel, Feuerbach afirma que lo infinito deriva de lo finito: tiene su origen en los seres reales y finitos. Conoceríamos a las personas por su Dios porque ahí expresan también sus pensamientos íntimos. La religión de cada persona sería: “la declaración pública de sus secretos de amor.”
De este modo, cuando los griegos pensaban que Zeus debía de tener gran fortaleza corporal, reflejaban que para ellos era una virtud tener esa característica. Cuando los antiguos germanos adoraban a Odín, reflejaban que para ellos la guerra era una virtud. Así se puede entender el porqué en la era cristiana dios tenía los atributos de justicia, bondad y sabiduría: posee tales atributos porque la era cristiana busca precisamente dichas características. De otro lado, a diferencia de la religión hebrea, el cristianismo diferenció la limpieza moral interna y la limpieza corporal exterior, y así incorporó al sucio y andrajoso en el plan divino. Por el contrario, el hebreo al identificar limpieza exterior con la interior, pudo interpretar que para ser limpio de alma tenía que también serlo en torno de su aspecto físico.
Consideración final
Tanto Jenófanes como Feuerbach sostuvieron que las religiones se presentaban como procesos sociales. Eran creadas por las personas por la proyección de ideales y, luego, las religiones influían en la mente de la comunidad.
Bibliografía
EGGERS LAN, Conrado. Nota a pie de página número 52. PLATÓN. Fedón. Traducción de Conrado Eggers Lan. Buenos Aires: Eudeba, 1971.
FEUERBACH, Ludwig. La esencia del cristianismo. Traducción de José L. Iglesias. Madrid: Trotta, 1995.
KIRK, RAVEN y SCHOFIELD. Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos. Traducción de Jesús García Fernández. Madrid: Editorial Grados, 1994.
VERNANT, Jean-Pierre. “Cosmogonías y mitos de soberanía.”. En: Los orígenes del pensamiento griego. Buenos Aires: Eudeba, 1965. |