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Dios lo quiere (Ricardo Vasquez Kunze) |
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Sábado, 18 de Abril de 2009 19:00 |
¿Dios lo quiere?
Ricardo Vásquez Kunze
www.correoperu.com.pe
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Dios quiere, a través del ministro paquistaní de asuntos religiosos y del clérigo de la Mezquita Roja de Islamabad, que el escritor Salman Rushdie no cumpla un año más de los sesenta que celebró el último martes, honrado por la reina de Inglaterra con el título de Caballero del Imperio Británico.
“Si alguien hiciese explotar una bomba contra su cuerpo, estaría en su derecho a menos que el gobierno británico se disculpe y le retire el título de sir,” ha sentenciado, en nombre de Dios, el ministro. El clérigo, también en nombre de Dios, se ha apurado a invocar a todos los creyentes “la ejecución sin demora” de la sentencia que, hace 18 años, el ayatolá Jomeini profirió contra Rushdie por blasfemar contra El Profeta en una de sus novelas.
Por su parte, Dios quiere que Isabel II reine por su gracia en la Gran Bretaña. Es más, Dios quiere que la monarca de Inglaterra sea la cabeza de su Iglesia y, como tal, hable por Él. Esto quiere decir que Dios quiere que Salman Rushdie sea caballero.
Pero Dios quiere muchas cosas más. Dios quiere, a través de su vicario en Roma, el Santo Padre, que las mujeres no usen jamás báculo ni mitra alguna y, por extensión a ellas supongo, que los homosexuales tampoco. Sin embargo, Dios quiere asimismo que su Iglesia Episcopal no sólo ordene sacerdotisas, sino que además una de ellas sea la primera mujer en liderar a sus episcopales. En fin, Dios quiere que hayan iglesias y religiones verdaderas y falsas, y que las falsas, válgame Dios, se hagan pasar por verdaderas.
Todo esto quiere Dios. Por eso, desde hace mucho no creo razonablemente una palabra de lo que dice Dios. Menos aún cuando “ordena” volar a un escritor por los aires. Cuando esto sucede Dios se convierte en un enemigo declarado de la civilización. Y a ese Dios hay que proscribirlo. Allí debe terminar toda tolerancia.
Si la civilización se deja amedrentar por cualquier superchería en nombre de la “convivencia pacífica”, está perdida. Abstenerse de expresar libremente las ideas para no “provocar” a Dios y sus intérpretes (o a cualquier “colectivo” secular), es el fin. Por eso celebro que el gobierno de Su Majestad haya mandado al infierno a los “clérigos y ministros de Dios”: “Tenemos el derecho de expresar opiniones, toleramos los puntos de vista ajenos y no nos disculpamos por ello.” Así debe hablar siempre el mundo libre, lo quiera o no lo quiera Dios. |